domingo, 9 de octubre de 2011

CULTIVA: LOS GERANIOS

El Pelargonio es originario de Africa del Sur, vegetando espontáneamente en la región de El Cabo, siendo introducido por los misioneros que habían circunnavegado Africa.



El primer cultivo serio de que se tiene noticia fue realizado en Inglaterra por la duquesa de Beaufont, pero con resultados mediocres. La plantita necesita más sol del que podía darle el clima británico.

Traída a los países mediterráneos, su aclimatación en los mismos fue más rápida y eficiente, tanto que en breve se convirtió en la favorita de los balcones. Los que plantamos en macetas o utilizamos como borduras en nuestros jardines son de diversas clases:

Pelargonium zonale (Pelargonio zonale) – Geranio zonal erecto.



Pelargonium peltatum (Pelargonio de Hiedra) Geranio Hiedra colgante.




Pelargonium macranthum (Pelargonio papilonáceo) Geranio Pensamiento, de flores grandes en forma de mariposa.




Pelargonium Radula, Tormentosum, Odoratissimun, Capitatum, Citrodorum, querifolium, etc. (Pelargonio) Geranios de hojas aromáticas.



Veamos ahora, en general, como se utilizan las diversas clases de geranios. En el jardín, en plena tierra, utilizaremos la especie zonal de altura media, de un solo color y dispuestos por grupos para obtener diversas tonalidades cromáticas.

Se pueden obtener borduras colgantes con Pelargonium peltatum, que se utiliza encima de pretiles y en terraplenes.

Tan sólo en zonas muy soleadas es posible utilizar los geranios para formar arriates completos, mientras que en las regiones de clima riguroso es más conveniente enterrarlos con sus macetas. De manera que luego sea fácil sacarlos y ponerlos en invernadero tan pronto como el tiempo se haga menos clemente.

Así, pues, el cultivo ideal es en maceta, porque se presta a cualquier clima y la maceta puede ponerse fácilmente al abrigo en cuanto se hace necesario.



Para las ventanas son preferibles los geranios colgantes, aún cuando luego surjan dificultades para llevarlos al interior, sin embargo bastará colocar en un ambiente cálido, que puede ser incluso en la cocina, anaqueles en los que se colgarán los geranios un vez que se quiten de las ventanas.



Por consiguiente, para tener un balcon bello, que se vea desde fuera, escoger geranios hiedra; en cambio si queremos disfrutar de la plenitud de la flor en el interior de la casa, escoger geranios zonales, enanos o altos según os guste, de los que veréis fácilmente las flores. El geranio enano es el adecuado para interiores. Es posible colocarlo en cajoneras o en una jardinera, y existe una variedad pequeña que no sobrepasa los 15 cm de altura. Se le llama también geranio de salón. Tiene flores blancas, rosas y rojas y la temperatura de la casa hace que estén floreciendo continuamente, incluso durante la estación invernal.



Sin embargo, después de un periodo en el interior, que puede durar hasta 3 meses, estas plantas tienen también necesidad de aire nuevo y puro, de manera que será conveniente volverlas al aire libre y podarlas con mano experta.

Se abonan con productos minerales, suministrados con periocidad según el tipo de planta (por lo tanto haced que el floricultor os indique con precisión cómo hay que tratar los diversos ejemplares que se compren).

También la especie de flores grandes se puede cultivar en interiores y la floración es espléndida. Recodad, no obstante, que es una planta que de vez en cuando hay que dejar al aire libre y que el viento la perjudica.

Las plantas de hojas aromáticas agrupadas por esta denominación porque no tienen flores tan vistosas, sino más bien hojas bellas y de intenso perfume, sirven igualmente bien como elemento decorativo, y son también bastante robustas.


LA TIERRA

Se necesita tierra de jardín, arenosa, no muy ácida, que es necesario remover con bastante frecuencia para permitir una aireación correcta.

Para ciertas especies (sobre todo Pelargonium macranthum) es aconsejable tierra de matorral y tierra mezclada con arena y mantillo.

Es indispensable siempre un drenaje correcto, que permita respirar y eliminar el agua y la humedad en exceso. Remover de vez en cuando el terreno con ayuda de un pequeño “cultivador”, instrumento adecuado que se encuentra en el comercio.

La renovación de la tierra se efectúa a finales de invierno, pero no es malo añadir una capa de tierra fresca sobre las plantas a finales de junio.


EL PERÍODO DE PLANTACIÓN

Se plantan a finales de las heladas, al comenzar la buena estación.

En las regiones en que el invierno puede jugar malas pasadas y volver de improviso, es mejor esperar a que se afirme la estación buena. En la costa se puede plantar incluso en invierno. Es importante que durante los primeros días no estén expuestos directamente al sol, y que se protejan con hojas de papel. Después habrá que prestar atención al viento y a las posibles corrientes de aire: son muy útiles en estos casos las telas de polietileno, que por su transparencia permiten vigilar las plantitas sin descubrirlas.



LA EXPOSICIÓN

En el norte las plantitas de Pelargonio lo pasan bien a pleno sol, porque el clima resulta siempre más riguroso. En el sur, en cambio hay que colocarlas a medio sol, cuidando de que no están demasiado expuestas durante las horas más cálidas.

Necesitan sobre todo mucha luz y alguna hora de sol, especialmente por la mañana.

El geranio de flor grande es el que requiere mayor protección; crece muy bien bajo los pórticos y en zonas muy abrigadas. Si las plantitas no se exponen al sol, pero disfrutan de algunas horas al día de clima cálido, crecerán con hojas muy lozanas, mientras que de exponerlas al sol muchas horas tendrán hojas en menor número y menos brillantez, pero en cambio, presentarán mayor número de flores.



EL CLIMA

No apetecen la humedad, de manera que hay que protegerlas con un drenaje adecuado; con la colocación de ladrillos debajo de las macetas; aireando la tierra y procurando regarlas únicamente cuando la tierra esté realmente seca.

Así, pues, no son adecuados para los climas lluviosos, crecen bien cerca del mar, en climas secos y con aire salino.

LOS RECIPIENTES

Además de macetas en que se utilizan muchísimo, pueden ser cultivados en jardineras que tengan las medidas siguientes: 25 cm de alto y 30 cm de ancho. La longitud de las jardineras está subordinada al tipo de terraza.

Las macetas y jardineras han de tener un agujero de drenaje para el agua en exceso.

LOS RIEGOS

También estas plantas, como es natural, necesitan agua, pero la tierra de las mismas no ha de quedar nunca demasiado empapada. Para establecer una relación diremos que para una plantita en maceta de 10 cm de diámetro, bastará medio vaso de agua, que deja la tierra fresca y esponjosa, pero no sumerje las raíces ni impide su respiración.

Si queremos un riego perfecto, utilizar agua “reposada”, es decir, que haya estado en un cubo durante algunas horas, y no agua corriente; o bien agua ligeramente tibia, pero no calcárea.

No debemos regar nunca en las horas de sol, esperemos más bien a la puesta de sol, cuando las flores y las hojas hayan recuperado espontáneamente su frescura y vigor. Entonces se darán las condiciones para obtener el máximo beneficio que para ellas supone el agua.

Si se riega por la mañana es necesario tener cuidado de que las hojas mojadas no queden bajo la acción del sol.

LOS FERTILIZANTES

Los abonos dan a la planta la nutrición básica, pero es el estiércol el que permite que la planta vuelva a florecer.

Una nutrición racional no sólo permite a la planta florecer más veces, sino que la mantiene sana y apta para retoñar cada año.

Paralelamente a la preparación del terreno se efectúa la aplicación del abono básico. Se mezcla a la tierra mantillo y, por consiguiente, ya descompuesto y exento de impurezas. A continuación se añade abono mineral compuesto que sirve para equilibrar las diferentes acciones de los tipos de nutrición de la planta, la que se obtiene del terreno y la del abono orgánico.

Los abonos secundarios: sirven para devolver a la planta todos los elementos que se van dispersando y consumiendo; es una aplicación de abono que se repite cada 15 días y el producto listo para el uso contiene: nitrógeno, nitrato de sodio, amonio y potasio. Se disuelven estos polvos adicionales con arreglo a una receta específica del fabricante, en la dosis justa de agua, y se riega la planta siguiendo las indicaciones.

Las pulverizaciones hormonales: se realizan cada semana con la ayuda de un pulverizador, en las últimas horas de la tarde, evitando mojar las flores.



LAS ENFERMEDADES Y LA DESINFECCIÓN

La enfermedad más frecuente es una progresiva clorosis y ulterior desecación de las hojas, que finalmente se caen y la planta muere.

Contra este mal se actúa preventivamente espolvoreando de vez en cuando azufre coloidal, cuidando de no regar hasta el cabo de 24 horas. La operación se repite varias veces y cada 10 días (se procede como si se estuviera espolvoreando la planta).

Este procedimiento es también un remedio contra la enfermedad “blanco de las hojas”, (oídio) que mata las plantitas sobre todo en invierno, cuando están resguardadas en ambientes poco aireados y húmedos.



LOS PARÁSITOS

Los parásitos que son la pesadilla de todo jardinero, atacan también nuestros geranios; hay que eliminarlos pulverizando líquidos adecuandos.

El antiparasitario polivalente para geranios hace justicia sumaria a todos estos parásitos, animales o vegetales, que infestan las plantas.


LA MULTIPLICACIÓN

Por semilla: en primavera, en tierra fresca, pero no demasiado empapada, por el procedimiento habitual.

Cuando las plantitas tengan unos 5 cm de altura se trasplantan a macetas de 7 cm de diámetro. Al año siguiente las plantitas podrán trasladarse a otras más grandes.

Por estaca: A finales de agosto se recogen los brotes semi-leñosos de la parte central de la planta.

Las estacas se separan de la planta madre empleando un cuchillo afilado como un bisturí y evitando hacer desgarros. A continuación se dejan secar al aire libre durante unas horas. Se eliminan las hojas inferiores con ayuda del cuchillo o de unas tijeras, y a continuación se entierran las estacas en las jardineras preparadas para el caso, que se dejan a media sombra.

Al cabo de un mes aproximadamente las estacas habrán echado raíces y se podrán trasplantar a tiestos o macetas individuales donde recibirán pulverizaciones de productos hormonales muy convenientes para el desarrollo y la multiplicación.


EL INVIERNO Y LOS GERANIOS

Apenas aparece el frío, resguardemos nuestras plantas en un lugar apartado, muy luminoso y con una temperatura no inferior a los 10ºC. Una ligera poda no sobrará. Durante el reposo invernal nuestros geranios no necesitarán riego, pero no estará de más regarlos ligeramente para que la tierra se mantenga esponjosa y no se reseque. Ello dependerá mucho de la temperatura del ambiente. En primavera se aconseja una poda que reduzca la planta a unos 25 cm de altura.

Si se tiene posibilidad de ello pueden alinearse las plantas contra una pared y cubrir toda la altura de la maceta con hojas, tierra y turba. Después se cubre todo con un plástico transparente a fin de que las plantas reciban la luz del sol.


LOS CUIDADOS COTIDIANOS

El follaje: suprimir las partes secas y lesionadas, ya sea por estética, ya por el bien de la planta.

Ramas secas: eliminarlas por el mismo motivo.

El Terreno: Ha de quedar mullido y suelto. Libre de malas hierbas que quitan aire a los vasos.

PROPIEDADES:


El geranio posee numerosas propiedades terapeúticas: elimina toxinas, combate la ansiedad, la obesidad, es un buen anticelulítico, cura irritaciones de boca y garganta y es un perfecto rejuvenecedor. También está indicado para hemorragias nasales, pulmonares, hemorroides sangrantes y diarreas intensas. También se puede usar de forma tópica para enfermedades de la piel como dermatitis, eczemas supurantes, úlceras y otras inflamaciones. Para ello se usa a través de ugüentos que se aplican sorbe la zona afectada.




viernes, 16 de septiembre de 2011

CULTIVA: LOS ROSALES



Es evidente que no se puede pensar en un jardín florido que carezca de rosas. Quizás es la flor que primero cultivó el hombre y es ciertamente una de las más bellas y que dan mayor satisfacción a quien tiene pasión por la jardinería.

Los rosales se clasifican de varias formas: tenemos los antiguos o viejos, que comprenden las especies originarias y sus correspondientes híbridos. Para distinguir unos de otros se hace preceder siempre su nombre (que por lo general es de la localidad o el de quién ha creado el híbrido, o bien el carácter botánico de la flor) de la palabra “rosa” (por ejemplo Rosa chinensis, Rosa wilsonii, Rosa multiflora).



Tenemos después las rosas nuevas o modernas, obtenidas del cruce de diversas variedades. Estas, a su vez, se dividen en rosales híbridos, rosales de té híbridos, floríferos, paliantes, etcétera.

Existen también los rosales trepadores, en mata y de pitiminí, es decir, de flores muy pequeñas.

Todo rosal es el resultado de muchos años de fatigoso trabajo del floricultor que ha conseguido obtenerlo por primera vez. Por eso nos acercamos a él, con cierta reverencia.



LA PREPARACIÓN DEL TERRENO:

Para cultivarse el rosal como se debe, es necesario ante todo preparar el terreno de manera adecuada: ninguna otra planta exige tantos cuidados a este respecto.

Es necesario trabajar el terreno previamente elegido por lo menos hasta dos palmos de profundidad. Una vez elegida la zona, se excavan en ambos extremos dos anchas zanjas de 40cm de profundidad. Se aparta la tierra excavada, y se trabaja el fondo de la zanja removiéndolo bien con el azadón; a continuación se cubre el fondo removido con el estiércol y finalmente se recubre la zanja con la tierra extraída anteriormente. Repitiendo la operación se procede a excavar hasta el extremo de la zona elegida, de manera que el estiércol quede recubierto en su totalidad con la tierra removida anteriormente.

Trabajando de este modo se obtiene un doble drenaje de la tierra y además se mantiene la parte superior de la tierra superficial más fértil, y la buena aireación permite a las raíces penetrar más profundamente.

Para estas plantas el abono ideal es el estiércol de caballo. Se puede emplear también tierra vegetal, turba, hojas consumidas, etc.

El terreno se prepara tres semanas antes de la plantación.

LA PLANTACIÓN

Los rosales pueden plantarse  del mes de diciembre al mes de febrero. Para cada planta se abre un pequeño foso cuadrado de unos 45cm de lado y 30cm de profundidad, a continuación se coloca la planta de manera que la zona de unión entre el portainjerto y el injerto quede a nivel del suelo. Las raíces se extienden de manera que cubran un área lo más amplia posible, y se recubren con un poco de turba o, eventualmente, con harina de hueso, apretando con las manos de manera que no se formen bolsas. Finalmente, se añade la tierra obtenida de la excavación, y se procura que la planta quede lo más fija posible.

Los rosales normales no se planta a mucha profundidad: la señal dejada por la tierra en la plantita extraída del vivero es una indicación segura sobre el nivel justo de profundidad.



Los rosales miniatura se plantan a distancia de 45 a 60cm uno de otro. Los arbustos, según sus dimensiones, se plantan a un metro de distancia, como mínimo, mientras que los trepadores necesitan ante si una distancia de 2 metros por lo menos.

Los trasplantes se efectúan entre Diciembre y Febrero, y también en Febrero y Marzo:

Se saca la planta del terreno y se le quitan totalmente las hojas muertas y podan las ramas demasiado delgadas. Así como las partes viejas de la madera. Las ramas desarrolladas deben acortarse (para trasplantes en Febrero y Marzo: 15cm de rama, para trasplantes entre Diciembre y Febrero: 30cm). Si por cambiar de domicilio tuviera que efectuar trasplantes fuera de estos meses habéis de tener cuidado en que la operación se realice muy rápidamente, de manera que las raíces no se sequen. No dejar terrones de tierra alrededor de las raíces, basta con envolver estas en trapos húmedos y proceder con la máxima celeridad posible. Si el tiempo fuere muy seco, será preciso también mojar las ramas y tener las raíces en un baño hasta que despunten los nuevos brotes.

LA ELIMINACIÓN DE BOTONES SUPERFLUOS

El número de botones de los rosales varía según su clase. Si se dejaran todos los botones tendríamos como resultado una planta con muchas flores, pero todas de calidad media o inferior; es, pues, necesario eliminar los botones superfluos, y para eso hay que proceder con cierto criterio.

Tan pronto comience la floración, procederemos a eliminar botones, y ello con una extrema delicadeza, de un golpe neto, porque el pedúnculo de las flores en sus primeras fases es en extremo frágil.

Se aclararán los botones donde sean demasiado numerosos, de manera que queden distribuidos armónicamente por toda la planta.



NUTRICIÓN DEL ROSAL

Abono orgánico durante todo el año y abono compensado junto con tierra vegetal y turba en determinados períodos. En el momento de abrirse los capullos, dar un abono líquido adicional, y repetir la operación 3 ó 4 veces hasta la floración completa (unas tres semanas de tiempo).

Para el abono líquido, que podemos preparar nosotros mismos, usaremos la siguiente receta:

-         15g de nitrato potásico.
-         15g de fosfato potásico.
-         12 litros de agua.

La mezcla debe emplearse a razón de 4 litros por metro cuadrado. Repetir la operación cada 4 días durante el período de desarrollo de las flores.

Otro abono líquido de óptimo resultado es el que se obtiene con estiércol de caballo. Se recoge el estiércol y se deslíe en agua (en un rincón del jardín hay que tener un barril o depósito grande), y en el momento del uso se diluye la solución hasta que tome un color amarillo pajizo; también de este abono se vierten 4 litros por metro cuadrado, cuatro veces en el período más lozano de la floración. A finales de Julio se administra una última dosis de fertilizante adecuado. Recordad que los rosales necesitan, tan pronto como se planten, riegos abundantes y abundante abono líquido.

LOS PARÁSITOS

La cetonia dorada o pequeño escarabajo, será nuestro enemigo mortal aún cuándo seamos buenos jardineros.

De ser posible procuraremos librar a los rosales de las cetonias a mano: se puede hacer con un poco de paciencia y de cuidado. En otro caso debemos procurarnos el insecticida adecuado y pulverizar sin compasión.



Es muy fácil que algunos rosales, en particular los de la antigua variedad Ophelia, crezcan con malformaciones en la primera floración; el culpable es el Thrips, pequeño insecto que ataca el centro del capullo y destruye los órganos de la flor.

También son muy atacados los rosales, principalmente sus brotes, por los pulgones. Los Thrips y los pulgones se combaten con insecticida a base de Lindano o de Paration.

LAS ENFERMEDADES

Hay enfermedades provocadas por parásitos. Entre ellas se cuenta el oídio, la fumigina y el mildiu.

El oídio que reviste los capullos de un vello blanco, es debido a los cambios bruscos de temperatura. Basta un lavado cuidadoso; Para eliminarlo utilizar carbonato de sodio (30 grs. por cada 5 litros de agua). Si el hongo se difundiese demasiado, emplearemos un fungicida específico o bien pulverizaciones de azufre.

La fumagina es una enfermedad más grave, pero si se podan las plantas, el año siguiente de la enfermedad reviven y vuelven a florecer. La fumagina hace que la flor se deshoje; los primeros síntomas de la enfermedad se manifiestan en las hojas más bajas, que amarillean poco a poco y después mueren. También en este caso es debida la enfermedad a una detención súbita del crecimiento originada por un descenso repentino de la temperatura.

No se puede hacer mucho contra los agentes atmosféricos, pero si habéis nutrido bien el terreno, los daños podrían repararse. La fumagina es contagiosa: deben pulverizarse, pues, las plantas con un buen fungicida y aislarlas con cuidado, eliminando inmediatamente las hojas atacadas.

El mildiu se reconoce fácilmente porque forma en el envés de las hojas un polvo rojizo que se vuelve negro con el tiempo. La enfermedad es mortal, y es preciso combatirla eliminando inmediatamente las hojas. Si se tiene certeza de que el rosal ha sido atacado, conviene cortarlo por la base, eliminando inmediatamente toda la parte enferma, pues si no todo el rosal quedará contagiado. En caso contrario debe regarse enseguida generosamente todo el rosal con un fungicida adecuado. Recoger y quemar cada ramita contagiada, para que tarde o temprano no enferme todo el jardín.

En invierno, además, hay que destruir todas las esporas que queden todavía en los rosales, y pulverizar a fondo en enero, eliminando el riesgo. Pulverizar después con una solución de sulfato de cobre (30grs por cada 5 litros de agua), e inmediatamente después de la poda proceder a una segunda pulverización con sulfato de cobre en solución más diluida (1,5grs por cada 5 litros de agua).

No pulvericemos con el sulfato de cobre cuando hayan aparecido las primeras hojas, si no queremos que se quemen.

También el calor del sol puede provocar quemaduras en las plantas y hacer que se abarquillen las hojas; el mismo fenómeno se produce a causa del viento demasiado cálido. En tal caso no hay que precipitarse a pulverizar las plantas con fungicida, sino esperar a que los rosales reaccionen por sí mismos. En caso de duda, llamaremos a un experto que nos dirá inmediatamente si la enfermedad es realmente debida a una infección o son los agentes atmosféricos los que la han provocado.

Una última observación: al consultar los catálogos para pasar pedidos, encontraremos términos técnicos que se refieren a las flores de los rosales. Es conveniente saber el significado de estos términos:

Flor doble: flor de 18 a 25 pétalos.
Flor grande: flores grandes y consistentes, de muchos pétalos.
Flor semidoble: de más de 5 pétalos y menos de 15.
Flor simple: de 5 pétalos.
Floración estival: una sola floración por temporada.
Marza: especie cuyas estacas se emplean como portainjerto.
Quimera: rosal de determinada variedad que, en cierto punto por capricho de la naturaleza, emite una rama con flores de color diferente a las otras.
Rosal sport trepador: como el anterior de variedad trepadora.


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